Súper Aitorex, entre el héroe y el niño

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Selene Pérez, Marina Ronda | Castellón

¿Qué es lo que tienen en común Tim Burton, Steven Spielberg, Bill Gates, Keanu Reaves o Vladimir Putin? ¿Y Albert Einsten, Isaac Newton, Charles Darwin, Nicola Tesla, Andy Warhol y Lionel Messi? La respuesta más obvia es el éxito profesional que han alcanzado todos ellos, y la menos obvia es que pueden y pudieron padecer todos el mismo trastorno neuronal: síndrome de Asperger. En el caso de Burton, Spielberg, Gates y Reaves son ellos mismos quienes reconocen padecer este síndrome. Del resto sólo hay rumores. Y a Gates le ha salido competencia.

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Aitor con su móvil en la mano


Aitor Guzmán
vive en la Vall d’Uixò, tiene sólo 7 años y ya programa sus propias aplicaciones, incluso está creando su propio sistema operativo. Según su madre, Begoña Molina, todo empezó cuando su marido estaba en casa actualizando el sistema operativo de su ordenador. Enseguida Aitor le pidió: papá por favor, ¿puedes hacerlo otra vez?. “Lo cautivó completamente —afirma esta madre orgullosa— el padre [Alejandro Guzmán] se puso a hacerlo y al día siguiente él se puso en Youtube y empezó a investigar”, cuenta en el salón de su casa.

El síndrome de Asperger, nombrado por primera vez en 1944 por el doctor Hans Asperger, ha sido descrito durante mucho tiempo como “autismo de alto funcionamiento”, es decir, el nivel de autismo más leve. Así lo explica la psicóloga Vanesa Gascón, que ha trabajado durante dos años para la Asociación de Asperger de Castellón y ha podido tratar a muchos niños con este síndrome. “Hasta hace unos años el Asperger se tipificaba como un trastorno aparte del autismo”, dice, ya que quienes nacen con este trastorno no muestran “todas las características del autismo”. Gascón asegura que se trata de un trastorno del neurodesarrollo, “no se conoce su causa, sólo sabemos que se trata de un déficit neuronal de base biológica”. La familia de Aitor Guzmán lo define con sus propias palabras: “cuando les gusta algo se obsesionan y llegan a ser los mejores. Aitor no entiende las bromas ni los dobles sentidos… hay que indicarle bien todo. ¡Pero son unos cracks!”, explica Begoña Molina.

Pero, ¿qué características muestra una persona con síndrome de Asperger? En primer lugar, muchos déficits de lenguaje y comunicación social: “los niños con este trastorno no aprenden de forma natural las normas implícitas e inconscientes de la comunicación social. Son totalmente literales, no entienden, por ejemplo, el doble sentido de nada”, continua explicando Vanesa Gascó. De ahí que la madre de Aitor afirme que su hijo no entienda los dobles sentidos ni las bromas, o que se atribuya este trastorno al personaje de la serie “The Big Bang Theory Sheldon Cooper, a quien le ocurre lo mismo con sus compañeros de piso. “Un niño con Asperger no interactúa socialmente como el resto de niños”, asegura Gascón, “de hecho, solemos darnos cuenta de la enfermedad cuando vemos a un niño o niña de infantil que prefiere jugar siempre solo”. Por eso la mayoría de veces el síndrome de Asperger empieza a diagnosticarse cuando los niños van al colegio.

En el caso de Aitor fue algo más pronto. “Se dieron cuenta en la guardería. La psicóloga de la guardería le dijo a los profesores del nuevo colegio de Aitor que se fijaran en ciertas cosas que hacía. Y efectivamente, tenía razón. Su preocupación venía porque Aitor tardó mucho en mantener conversaciones. Tu le preguntabas ¿cómo estás? y él te contestaba con la misma pregunta”, relata la mamá de Aitor mientras éste se entretiene con los smartphones de sus padres.

Siguiendo con la explicación de la psicóloga de la Asociación de Asperger, quien padece esta enfermedad carece de flexibilidad cognitiva, esto quiere decir que suelen “obsesionarse, ser ritualistas y les cuesta mucho generalizar las conductas”, comenta Gascón, quien explica que si “le digo a un niño con Asperger que salude siempre a los abuelos al llegar, no saludará por ello a sus compañeros de clase cuando lleguen, ya que yo sólo le he dicho que se saluda a los abuelos. Por otra parte, estos niños no toleran bien los cambios. Si deben salir de excursión se les debe explicar qué harán en todo momento antes de ir, cuando algo se sale de su rutina se estresan mucho”. Este aspecto se confirma en Aitor, aunque parece remitir con la edad: “cuando Aitor era más pequeño tenía que estar todo en línea recta y él se fijaba mucho en eso… y siempre mucha rutina… pero esas cositas ya no las tiene, ¡se nos hace mayor!”, afirma contentísima Molina. Esta es la peor parte, pero el Asperger también tiene su lado más positivo: una memoria envidiable.

“Cada niño con Asperger genera su propia obsesión por algo, yo he tratado a niños obsesionados con los dinosaurios, con la química, con los animales, la biología…incluso había uno que se conocía todos los santos de todos los días del año”, relata la psicóloga, “cuando tienen una obsesión por algo, empiezan a acumular datos y datos sobre ese mismo tema, lo cual puede ser una ventaja muy grande si eligen cursar estudios en titulaciones como física o ingeniería, que no exigen que una persona sea muy sociable”. Con Aitor la obsesión está más que clara. Cuando Aitor se pone a trabajar con los ordenadores ni te contesta. Puede pasar horas delante del ordenador sin hacer caso a nada más.

De hecho, Microsoft llegó a invitar a Aitor a visitar sus instalaciones. La aventura empezó cuando los padres de Aitor querían apuntarle a cursos de informática avanzada y ningún centro lo admitía por la edad. “Mi marido se puso en contacto con Microsoft con un mensaje de Facebook explicándoles esto y preguntándoles que si ellos sí disponían de cursos a los que Aitor pudiera acceder”, cuentan, “enseguida nos invitaron a visitar las instalaciones en Madrid y se portaron muy bien con Aitor. En cuanto llegamos dijeron: Aitor está aquí, como si fuéramos súper importantes”. El pequeño de la familia quedó fascinado sobre todo al ver el enorme edificio de cristal. Además lo llevaron al App Studio y le dieron total libertad para experimentar. Aitor dijo algo y le dijeron: anda chaval, tu lo que quieres hacer es un sistema operativo nuevo, y eso es más difícil, pero ya lo está haciendo, en cuestión de meses”. Aitor también ha estado en la Universidad Carlos III de Madrid en diversas conferencias, y ha hecho una segunda visita a Microsoft donde periodistas le han realizado entrevistas a nivel mundial. “Está emocionado porque le han dicho que los verá su ‘colega Bill’”, dice riéndose su madre.

Cuando le preguntamos a Aitor por qué le entusiasmaba la informática, su respuesta estuvo de lo más alejada de la de un genio y lo más próxima a la de un niño: “porque programar es como tener superpoderes. Puedes crear nuevas cosas”, explica muy contento de que le hablen de su tema. Él se define como “algo así como el súperheroe de la informática”, y cuando le preguntamos si tiene un súpernombre se lo piensa un poco hasta que dice: “¡Súper Aitorex!”

Aitor jugando con el móvil en su casa junto a su madre, Begoña.

Aitor jugando con el móvil en su casa junto a su madre, Begoña.

Así, aunque la mayoría de niños y niñas que padecen el trastorno nacen con una inteligencia media, Vanesa Gascón explica que esa obsesión por un tema, junto con su memoria y su desinterés por lo social, forman una combinación perfecta para que estos niños consigan llegar a ser grandes promesas de la medicina, la física o la informática. “Su inflexibilidad y su pensamiento rígido y concreto los conducen hasta un foco de interés con el que se obsesionan y relacionan todo lo que sucede alrededor con ello”, añade. Esta es precisamente la característica por la que se relaciona el éxito profesional a muchos casos de personas que sufren Asperger.

No es de extrañar pues que quienes padecen de Asperger lleguen a ser tan buenos en algo. Fue Einsten, a quien se le atribuye hoy en día que padecía el síndrome, quien dijo que “el genio se hace con un 1% de talento y un 99% de trabajo”. Así, mientras que la mayoría de personas corrientes no somos capaces de dedicar 2, 3 o 5 horas semanales a practicar algo que nos gusta (las famosas 10.000 horas necesarias para convertirte en un experto en biología, el mejor tenista del mundo, el compositor más talentoso o la escritora más brillante), para alguien con síndrome de Asperger es algo normal. Claro que, lo que la mayoría aprende de forma innata, es el gran reto para quien sufre Asperger.

“Los niños y adultos con síndrome de Asperger deben trabajar muchísimo las habilidades sociales”, explica Gascón. Son como actores, “tienen que aprender un papel de forma mecánica y después aplicarlo de la forma más natural posible”. Para ello es imprescindible la labor de las Asociaciones, donde se realizan talleres de habilidades sociales: autoconceptos, autoestima, resolución de conflictos, emociones… y talleres de ocio donde poder practicar lo aprendido en los anteriores, “por ejemplo, si aprenden que en el cine hay que estar callado, programamos una excursión al cine donde poder practicar esa habilidad social”, relata la psicóloga experta. Además, son imprescindibles también los talleres para padres, donde aprenden a comunicarse mejor con sus hijos.

Y a los padres de Aitor Guzmán se les ocurrió una idea brillante: usar la informática para reforzar las habilidades sociales de su hijo. Un día se les ocurrió pedirle a Aitor que grabara un vídeo explicándole a los demás niños cómo programar como lo hacía él. Así le obligaban a hablar y explicar las cosas. “La única forma de que se expresaba bien al hablar era hablar de informática, y lo vimos como una manera de que se fuera soltando… pero el puñeterete se hizo el canal”, asegura Begoña Molina de Aitor, y es que su hijo quería que los vídeos se colgaran en Youtube con un canal propio “como hacían los chicos de los vídeos que veía”. Así se creó el canal de Youtube de Aitor: Aitor el pequeño niño informático.

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Así que lo más importante que hay que saber de alguien que padece síndrome de Asperger es que puede llevar, en muchos casos una vida normal; “todo depende del grado de trastorno que padezca, como en cualquier otra patología neuronal”, explica Vanesa Gascón. De modo que, en la mayoría de los casos, “están escolarizados en centros normales, sus contenidos no se cambian y cursan lo mismo que el resto de jóvenes”, aunque Gascón también señala que “hay algunos niños en los que es muy obvio el síndrome ya que repiten constantemente lo mismo”, aunque muchos llegan a la universidad. Desde su propia experiencia, la mamá de Aitor explica que “con los años Aitor va centrándose más en clase, pero al principio solía quedarse en babia”, algo que parece estar superando por completo, “¡incluso sacó un 10 hace unos días!”. Por su parte Aitor tiene muy claro lo que más le interesa del cole: “informática es mi asignatura preferida. Y la siguiente… también matemáticas!” (Un genio de las ciencias).

Pero si hablamos de la vida social de Aitor, quizá ese sea su punto más débil: “por lo que me cuentan los profesores, en clase va mucho a su bola…—dice la mamá— y aunque se lleva bien con todos sus compañeros, amiguito, amiguito solo tiene uno. En el patio cuando vamos a verlo, los ves a todos juntos jugando,  y a él lo vemos buscando bichos… o lo que sea”. “Un día encontré trocitos de oro! Muy pequeñitos”, dice Aitor entusiasmado, que no quita la oreja de la conversación.

El pequeño niño informático debe hacer un sobreesfuerzo para adaptarse del todo a la sociedad. Su familia nos explica de después del cole el niño acude al Aula CIL (aulas específicas de comunicación y lenguaje) y al centro Pedro Luna, un centro en el que pasa horas con una psicóloga logopeda. También acude a la USMI (Unidad de apoyo a la Salud Mental Infantil) en Castellón.

El síndrome de Asperger no deja de ser un trastorno con sus partes malas, pero como vemos tiene cosas buenas. “Cuando empiezas ha hablar con los psicólogos— cuenta Begoña Molina—, te asustas mucho. Es algo de lo que nunca habíamos oído hablar”, pero después de que Aitor apareciera en los titulares muchas familias afectadas se acercaron a darle las gracias por mostrar “lo positivo que hay en el Asperger” y es que no es para menos, tienen un genio en casa.

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